Saturday, September 8, 2012

Ideas de vida y muerte. Vida después de la muerte.

     En las últimas semanas he vivido la experiencia de la muerte de tres seres cercanos, muy queridos para mí. Murieron de  manera imprevista. Accidentes.  "Paso a mejor vida", "Ya esta con Dios", "Está mejor que nosotros".  Con base en la fé, nos atrevemos a suponer éstas y otras hipótesis.  Pero a mí,
estos hechos me pusieron a meditar acerca de mis propios valores y pensamientos acerca de la muerte.

     Con mi pensamiento cientifico-espiritual,  deduzco que la muerte no existe.  La muerte es sólo el paso de un nivel de energía a otro. El paso de una experiencia en un cuerpo físico al espiritú libre, en busca de otros niveles de energía para seguir la evolución.  La muerte es sólo un paso más del ciclo de vida en la tierra. Es algo por lo que todos tenemos que pasar. No me baso en la idea religiosa del cielo o el infierno después de la muerte. Esa idea no la comparto; en la vastedad del Universo, me parece limitada.

     Después de que Jordi, César y Ernestina dejaron de vivir en esta tierra, los tres debido a accidentes traúmaticos, mis ideas acerca de la vida y la muerte se tambalearon. Es fácil decir que la muerte no existe,  pero no fue fácil cuando  me levante esas mañanas y recibí el mensaje. Alguien te avisa que el accidente pasó,  y ya no hay vuelta atrás. Ya no habrá otras palabras, otras risas, otra vez. Ya no habrá otra vez. Ya se murió. Y ahí es donde empieza la prueba. Es ahí cuando empezó mi caída y dudé y la negatividad vino hacia mí,  y yo,  cuestionándome todo otra vez.

     Lo que antes me parecía tan fácilmente resuelto, ahora estaba denso. La vida, la muerte. Los que se quedan, lo imprevisto. El dolor, el vacío, las lágrimas.

     Después de las primeras reacciones de tristeza,  me impulsé a salir a la montaña. Ahí, entre los árboles, con el río a mi lado izquierdo y el musgo entre las rocas, encontré el consuelo que necesitaba. Volví a la idea de que somos parte de un Todo, un Todo que va más allá de mi comprensión humana y de que dentro de este Todo no podemos morir. Sólo cambiamos.

  No somos los mismos que cuando eramos niños y no por eso ya no somos nosotros mismos. Esa niña murió y ahora soy una adulta. Ellos que tuvieron cuerpo, murieron, y no por eso ya  no son ellos. Siempre seguirán siendo su espiritú.  Y aún ahora, cuando sigo sin comprender totalmente, aceptó que este ciclo tiene un principio y un final.

     La vida es muy frágil, empieza y termina en  sólo un segundo. La muerte llega sin avisar y es inalterable. Así que tomaré mi viaje con ligereza y trataré de mantener mi sentido del humor y disfrutar cada segundo que mi corazón late, porque no se cuando pueda ser el último. Y hasta entonces,  cuando pueda experimentar por mi misma la muerte, y pueda aclarar mis incertidumbres, hasta entonces y desde ahora, viviré cada día como si fuera el último.

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